Die Ballesteros-Seen: ein lebender Karst 20 Minuten von Cuenca entfernt

En medio de la llanura conquense, entre los municipios de Arcas, Valdetórtola y Villar de Olalla, se esconde un lugar que parece sacado de otro continente. Más de treinta círculos perfectos, como pequeños cenotes, se suceden en el paisaje. Son las Lagunas de Ballesteros, un sistema kárstico activo sobre yeso, una rareza geológica en Europa.
Aquí el agua se cuela, disuelve la roca por dentro, y de repente el terreno se hunde. Así nacen las dolinas. Y cuando varias se juntan, las uvalas. Lo asombroso es que, a diferencia de otros karst que tardan milenios en formarse, aquí el proceso ocurre en décadas. La última dolina apareció hace menos de 20 años. Esto sigue vivo.
Pero durante décadas, la expansión del regadío fue extrayendo agua del mismo acuífero que alimenta las lagunas. El nivel del agua descendió. La llanura de inundación se secó. Los cultivos de cereal y girasol ocuparon el 86% del espacio protegido. Donde antes crecían carófitos, las algas que convertían a Ballesteros en el humedal con mayor diversidad de España, hoy apenas quedan pequeños retazos. La masiega, esa planta que forma turberas y da cobijo a decenas de especies, sobrevive en manchas aisladas.
El deterioro no fue obra de nadie en particular. Fue el resultado de un modelo de desarrollo que durante décadas priorizó el regadío sin medir sus consecuencias. Pero ahora, un proyecto europeo coordinado por Fundación Global Nature ha decidido cambiar su rumbo. Con la cofinanciación de la Diputación de Cuenca y Redeia, y la colaboración de la Junta de Castilla-La Mancha y los ayuntamientos de Arcas, Valdetórtola y Villar de Olalla, LIFE Ballesteros apuesta por una estrategia clara: comprar los terrenos de regadío que más presión ejercen sobre el acuífero.
Ya existen preacuerdos con los propietarios para adquirir 273 hectáreas, el 94% de la reserva. Una vez adquiridas, se eliminarán los drenajes, se desmantelarán los pivotes de riego y se retirarán 1.000 metros cúbicos de escombros. El agua volverá a la llanura. La inundación temporal se restablecerá en 120 hectáreas. Y los hábitats naturales se multiplicarán por nueve.
Pero la restauración no se hará sola. Se plantarán 250.000 masiegas, la especie emblema de este humedal. Se recuperará el bosque de ribera del río San Martín. Y se trabajará con agricultores del entorno para reducir el uso de fertilizantes en 500 hectáreas, porque la conservación no se entiende sin quienes habitan el territorio.
Por eso, el proyecto también abrirá una ruta interpretativa, recibirá a 5.000 escolares y llevará una exposición itinerante a 50 municipios. Porque este humedal sigue siendo un gran desconocido para muchos vecinos de Cuenca, a pesar de tenerlo a 20 minutos de su casa.
La historia de las Lagunas de Ballesteros es la de muchos humedales, terrenos transformados para producir, que perdieron su agua y su vida, y que quedaron olvidados. Ahora, LIFE Ballesteros quiere demostrar que, actuando sobre la causa del problema y trabajando con la gente del territorio, es posible recuperar incluso los ecosistemas más degradados.

